
Les presento esta bella historia de Poder, de poder hacerlo, de poder Divina/O, de poder amar/se, de poder decidir, de poder y más poder...
hay muchas como ella con su historia de nacimiento pegadita al corazón y a las tripas, grabada en el útero...
si desean compartir con nosotr@s su historia envienla a marmorgana@gmail.com
con el corazón abierto sera recibida...
cariños sinceros
y sean todos y todas felices y benditas
.::mar::.
Nacimiento Iyahtta
Ahora, amamanto a Iyahtta y recuerdo ese viernes 15 de mayo.
Desayunábamos con mi hija Almendra de 4 años y empezaba a sentir las primeras contracciones. Ambas estábamos muy contentas por la llegada del hermanito o hermanita, ya que habíamos reservado la sorpresa hasta el nacimiento.
Yo me sentía muy tranquila y comencé a registrar la hora de cada contracción, eran muy seguidas, cada 10-15 minutos durante toda la mañana, a las 12ºº le avisé a María, la partera mapuche que me ayudaría en el parto.
Víctor, (mi marido) y Almendra se fueron a comprar provisiones y yo me quedé en el cerro tratando de preparar todo porque sabía que nacería esa noche, a diferencia del trabajo de parto de almendra que duro un día y medio.
Luego ellos llegaron y almorzamos, las contracciones eran cada vez más frecuentes, cada 3-5 minutos. Aún no podíamos escoger un nombre de varón, pero el de niña siempre estuvo claro, sería Iyahtta (hija de Rastafari). Después de almorzar le avisé a Marta, la matrona que nos asistiría, quedamos de acuerdo en que llegaría antes del anochecer.
Las contracciones, ahora más intensas, me hacían sentir cada vez más fuerte su llegada, terminando de planchar las sábanas y paños que ocuparíamos, ya estaba mi dormitorio preparado, la estufa prendida y la leña necesaria.
Alrededor de las 18:30 llegaron María, José y Marta, les servimos un café negro y hablamos de mi primera experiencia en el parto de Almendra, el cual fue natural pero en el hospital, de todos modos fue una experiencia necesaria, pero aún recuerdo el dolor al extrañar a mi rey alfa a mi lado, y esa amargura de estar sola con mi cría lejos de mi hogar…y mientras conversábamos aumentaban las contracciones, sobre todo desde que María tocó mi vientre se intensificaron y ya eran cada 3 minutos, comenzamos a caminar con maría , mientras Víctor preparaba el mate y cocía el pancito amasado, Almendra me acompañaba sin molestar en nada y muy atenta a lo que pasaba…hervía en la salamandra una olla con avena y romero para las compresas que María aplicaba en mi bajo vientre y espalda para tratar el dolor, yo, usando un coligue como bastón comenzaba mi viaje…
Caminando por la casa desde el dormitorio al living acompañada por María y por Víctor a ratos, aunque sólo ver su mirada confiada y serena me hacían saber que todo estaba muy bien.
Llegó el momento en que Almendra se fue a caza de Maritza, mi vecina, ya que comenzaba el trabajo más intenso, la dilatación fue muy rápida…había olvidado ese dolor…descansé un momento recostada en mi cama y Marta escuchó los latidos del bebe a la antigua…estaba todo muy bien. Para recuperar energías comía avena en agua bien dulce y una bebida energética de cacao dulce con harina tostada que Víctor preparó, después estuvimos trabajando con los pies en agua caliente, lo único que necesitaba era mantener mi calor, y apretando a dos manos el coligue para liberar el dolor y dejar que bajara mi cría, también vocalizando la letra O como Marta propuso, sorpresivamente ya estaba lista para nacer mi pequeña quien se movía todo el rato, y de rodillas frente a mi cama con Víctor a mi lado y mis parteras , ya venía naciendo mi hija , era bastante grande y hermosa, pasó unos minutos a mi lado y después de que Víctor cortó el cordón que nos unía permaneció con ella cobijándola mientras yo me acomodaba, luego de que María la revisara, limpiara y vistiera estuvo conmigo ya acostadas las dos en nuestra cama calentitas, y en ese momento mamó tranquila y fuertemente.
Todos arreglaban el lugar y comían, yo tomaba un te dulce. Una vez terminado, Víctor fue a buscar a Almendra al cerro de enfrente y se vinieron a pie bajo la luna menguante de esa madrugada, así llegó ansiosa e impresionada a conocer a su hermanita que tenía un par de horas, esa noche dormimos todos juntos.
Al otro día, de amanecida Víctor encendió el fuego, y llevó a enterrar la placenta y el cordón de Iyahtta cerca de nuestra futura huerta…
Y aquí hemos estado en nuestra casa enclavada en el cerro, disfrutando y “apegándonos” a nuestra hermosa hija que nos ha llegado, ella ya comienza a esbozar sus primeras sonrisas, duerme toda la noche y está muy sana.
Mi experiencia en este parto ha sido muy hermosa, la recuperación mucho más corta y el hecho de permanecer toda la manada familiar juntos hacen de esto algo inolvidable, que me ha hecho crecer profundamente y reafirma mi fe.
Damos gracias eternamente por tan bella bendición.
Selassie I Jah Rastafari.
Ahora, amamanto a Iyahtta y recuerdo ese viernes 15 de mayo.
Desayunábamos con mi hija Almendra de 4 años y empezaba a sentir las primeras contracciones. Ambas estábamos muy contentas por la llegada del hermanito o hermanita, ya que habíamos reservado la sorpresa hasta el nacimiento.
Yo me sentía muy tranquila y comencé a registrar la hora de cada contracción, eran muy seguidas, cada 10-15 minutos durante toda la mañana, a las 12ºº le avisé a María, la partera mapuche que me ayudaría en el parto.
Víctor, (mi marido) y Almendra se fueron a comprar provisiones y yo me quedé en el cerro tratando de preparar todo porque sabía que nacería esa noche, a diferencia del trabajo de parto de almendra que duro un día y medio.
Luego ellos llegaron y almorzamos, las contracciones eran cada vez más frecuentes, cada 3-5 minutos. Aún no podíamos escoger un nombre de varón, pero el de niña siempre estuvo claro, sería Iyahtta (hija de Rastafari). Después de almorzar le avisé a Marta, la matrona que nos asistiría, quedamos de acuerdo en que llegaría antes del anochecer.
Las contracciones, ahora más intensas, me hacían sentir cada vez más fuerte su llegada, terminando de planchar las sábanas y paños que ocuparíamos, ya estaba mi dormitorio preparado, la estufa prendida y la leña necesaria.
Alrededor de las 18:30 llegaron María, José y Marta, les servimos un café negro y hablamos de mi primera experiencia en el parto de Almendra, el cual fue natural pero en el hospital, de todos modos fue una experiencia necesaria, pero aún recuerdo el dolor al extrañar a mi rey alfa a mi lado, y esa amargura de estar sola con mi cría lejos de mi hogar…y mientras conversábamos aumentaban las contracciones, sobre todo desde que María tocó mi vientre se intensificaron y ya eran cada 3 minutos, comenzamos a caminar con maría , mientras Víctor preparaba el mate y cocía el pancito amasado, Almendra me acompañaba sin molestar en nada y muy atenta a lo que pasaba…hervía en la salamandra una olla con avena y romero para las compresas que María aplicaba en mi bajo vientre y espalda para tratar el dolor, yo, usando un coligue como bastón comenzaba mi viaje…
Caminando por la casa desde el dormitorio al living acompañada por María y por Víctor a ratos, aunque sólo ver su mirada confiada y serena me hacían saber que todo estaba muy bien.
Llegó el momento en que Almendra se fue a caza de Maritza, mi vecina, ya que comenzaba el trabajo más intenso, la dilatación fue muy rápida…había olvidado ese dolor…descansé un momento recostada en mi cama y Marta escuchó los latidos del bebe a la antigua…estaba todo muy bien. Para recuperar energías comía avena en agua bien dulce y una bebida energética de cacao dulce con harina tostada que Víctor preparó, después estuvimos trabajando con los pies en agua caliente, lo único que necesitaba era mantener mi calor, y apretando a dos manos el coligue para liberar el dolor y dejar que bajara mi cría, también vocalizando la letra O como Marta propuso, sorpresivamente ya estaba lista para nacer mi pequeña quien se movía todo el rato, y de rodillas frente a mi cama con Víctor a mi lado y mis parteras , ya venía naciendo mi hija , era bastante grande y hermosa, pasó unos minutos a mi lado y después de que Víctor cortó el cordón que nos unía permaneció con ella cobijándola mientras yo me acomodaba, luego de que María la revisara, limpiara y vistiera estuvo conmigo ya acostadas las dos en nuestra cama calentitas, y en ese momento mamó tranquila y fuertemente.
Todos arreglaban el lugar y comían, yo tomaba un te dulce. Una vez terminado, Víctor fue a buscar a Almendra al cerro de enfrente y se vinieron a pie bajo la luna menguante de esa madrugada, así llegó ansiosa e impresionada a conocer a su hermanita que tenía un par de horas, esa noche dormimos todos juntos.
Al otro día, de amanecida Víctor encendió el fuego, y llevó a enterrar la placenta y el cordón de Iyahtta cerca de nuestra futura huerta…
Y aquí hemos estado en nuestra casa enclavada en el cerro, disfrutando y “apegándonos” a nuestra hermosa hija que nos ha llegado, ella ya comienza a esbozar sus primeras sonrisas, duerme toda la noche y está muy sana.
Mi experiencia en este parto ha sido muy hermosa, la recuperación mucho más corta y el hecho de permanecer toda la manada familiar juntos hacen de esto algo inolvidable, que me ha hecho crecer profundamente y reafirma mi fe.
Damos gracias eternamente por tan bella bendición.
Selassie I Jah Rastafari.













